Trastienda | La Manzanilla de Cádiz

Trastienda

La trastienda o sacristía es para muchos el corazón de esta antigua taberna, lugar reservado para la colección de botellas de manzanillas que se encuentran fuera del mercado actual, verdaderas reliquias del pasado, que bien por tratarse de marcas antiguas que ya no existen o por tener etiquetas o timbres antiguos son normalmente adquiridas por coleccionistas ya que estas, si están a la venta.

En su parte más ventilada y húmeda, se encuentran 3 barriles de 512 litros cada uno, barriles bicentenarios que contienen amontillado de manzanilla, su originaria función era rociar las manzanillas de los barriles del exterior, cuando estos habia sufrido una importante salida o venta (se mejoraban rociandolos con estos vinos). Ahora en silenciosa quietud esperan para ser ofrecidos algun dia, como un legado del pasado.

 

"El altar de amontillado"

Estos barriles  de amontillado  de manzanilla se encuentran en la trastienda de la taberna, tienen  entre 150-200 años, ya que al tiempo que llevan  en la taberna hay que sumarle los años que tendrían en la bodega que abrió este negocio, antes de colocarlos aquí, imaginamos que bastantes, porque no utilizarían barriles jóvenes para llenarlos de un vino tan viejo.

El motivo de tenerlos, no era otro que para rociar con amontillado, los barriles del exterior (los de la taberna), para que los vinos no perdieran calidad, color, e intenso sabor con el consumo diario, así como con las constantes ventas a granel, bien para los barcos o para el público particular.

Hoy en día, su contenido no está a la venta, su existencia se limita a seguir llenos de amontillado, que envejece poco a poco, en un ambiente de silencio, oscuridad y humedad idóneos.

La merma, es decir la evaporación que sufren, también conocida como   “el consumo de los ángeles”, que suele ser de unos 15 litros al año, es trasegada (repuesta) con más amontillado también de Sanlúcar.

Con motivo de una reparación, en uno de los fondos de la bota superior, hubo que vaciar así como desmontar, esa cara de la bota, por ello aprovechamos para mostrar cómo es un barril de amontillado  por dentro.

No podría acabar este homenaje a los barriles escondidos en la trastienda, sin comentar el intenso olor a roble empapado en amontillado, que durante los días que duró la reparación, inundaron toda la taberna, sólo viendo éstas fotos, y con una copa de amontillado en la mano, podríamos llegar a imaginarlo.

 

 
 
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